Conversaciones de seguridad

“Qué aburrimiento”, “otra vez la charlita”, “los trabajadores no quieren ir”, “hay que hacerlas para cumplir el expediente”, “como si no tuviéramos otras cosas que hacer”, … he aquí algunas de las percepciones negativas que acaban con los programas de conversaciones de seguridad.

Como tantas otras veces, el problema es de enfoque. Enfoque sidecar: si la conversación de seguridad es un artefacto adicional, que se añade a todo lo que ya venimos haciendo, y si, además, de lo que se habla es de temas teóricos o marginales, el fracaso (y el aburrimiento) está asegurado.

Nuestro enfoque de las conversaciones de seguridad es la integración. No se trata de hablar de prevención como de una cosa más, sino de aprovechar la organización cotidiana del trabajo para incorporar la seguridad como un criterio incuestionable sobre cómo hay que llevar a cabo las tareas.

Este enfoque se traduce en algunos criterios de desempeño que hacen realmente efectivas y provechosas las conversaciones de seguridad:

  • QUIÉN: las organiza y prepara el mando, la misma persona que organiza habitualmente el trabajo; no es un asunto del técnico de prevención;
  • QUÉ: el contenido ha de ser muy práctico, concreto y siempre vinculado a la ejecución del trabajo; evitar los temas generales y reservarlos para los programas de formación;
  • CUANDO: periódicamente, en los momentos en que el equipo se reúne para planificar el trabajo; conviene hacerlas con una cierta frecuencia, por ejemplo, semanalmente;
  • CÓMO: huir de dar una charla o de plantearlo como una formación; es exactamente una conversación, un debate sobre cuestiones prácticas para hacer más seguro el trabajo; ir al grano, pedir opinión, acordar y comprometer; evitar alargarse, 5-10 minutos como máximo, la brevedad es un valor;

Generalmente proponemos tres tipos de contenidos para estas conversaciones:

1.- Refuerzos de seguridad: recordar y promover un comportamiento seguro relacionado con alguna de las tareas que desarrolla el equipo; abordar las posibles dificultades y proponer soluciones.

2.- Alertas de seguridad: cuando hay que enfrentar una situación nueva o una tarea poco frecuente, conviene comentar los posibles riesgos concretos y definir las claves preventivas; discutir la aplicabilidad de las medidas y la mejor forma de seguirlas.

3.- Lecciones aprendidas: reflexionar sobre accidentes o incidentes ocurridos en el desarrollo de las tareas del propio equipo y tratar de identificar entre todos las claves para evitar que vuelvan a ocurrir.

Las conversaciones son “momentos de oro” en la relación entre mandos y trabajadores. Constituyen una forma muy eficaz de gestionar el liderazgo y de demostrar el compromiso preventivo. Capacitar a los mandos para llevarlas a cabo de forma empática y eficaz asegura unos resultados óptimos, científicamente comprobados, tanto en el ámbito de la seguridad como en el de la productividad.

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