El contraejemplo turco

Healthy Way

Hay empresas y sociedades donde la siniestralidad laboral aún se asume con cierto fatalismo, como si fuera una desgracia caída del cielo, inevitable. Y no. Los que llevamos tiempo dedicados a ésto sabemos que los riesgos laborales no son ninguna fatalidad imprevisible sino factores que se pueden gestionar para eliminar o minimizar. La mayoría de los llamados accidentes laborales provienen de fallos, disfunciones organizativas que cabría haber previsto y atajado. Prueba de ello fue la muerte de diez obreros el pasado 5 de septiembre en Estambul, al desplomarse un ascensor desde lo alto de un rascacielos en construcción.

Accidente de 10 trabajadores en Estambul

“Esto no es un accidente, esto es asesinato”, clamaban al día siguiente los compañeros de los obreros muertos contra la inseguridad generalizada en el sector. El diputado opositor Sim Süreyya coincidía: “Esto no es un accidente. Los accidentes suceden en las carreteras, donde mueren tanto ricos como pobres. ¿Alguien ha oído alguna vez que un empresario de la construcción muera en una obra? Las muertes laborales son asesinatos”, incluso el gobernador de Estambul Husein Mutlu apuntaba: “Esto no es un accidente laboral. No podemos considerar todo lo que pasa en el trabajo un accidente laboral”.

Sin querer restar importancia a lo ocurrido, lo de menos es que los trabajadores estuvieran usando un ascensor que llevaba semanas funcionando mal sin repararse, que iba sobrecargado con material de construcción y que no estaba preparado para un edificio tan alto. Lo de menos es que en abril, en un accidente igual acaecido en la misma obra, la constructora indemnizara a la familia de un trabajador con solo 2.000 euros. Lo de menos es que el accidente tuviera lugar a las 19.45 h, cuando la hora de cierre de la obra era las 19 h. Lo de menos es que se multipliquen las voces que acusan al gobierno de descuidar la SSL adrede a cambio de que las constructoras le financien en secreto.

Lo relevante es que llueve sobre mojado, que en Turquía mueren 160 personas en accidentes laborales cada mes, en mayo más de 300 mineros murieron en un accidente que se pudo haber evitado en una mina donde anteriormente ya habían muerto 274 personas más, desastre que desencadenó una movilización, una concienciación y unos disturbios sin precedentes. La opinión pública está estremecida: de enero a junio, 1.100 turcos murieron en accidentes laborales. Aún peor: otro rascacielos de lujo cercano estalló en llamas en julio una vez terminada la obra por deficiencias de construcción, estando ya repleto de gente viviendo en él (¡los vecinos eran en gran parte famosos de la jet set!). Turquía tiene siete veces más accidentes que la media europea y es el tercer país con mayor siniestralidad laboral del mundo según la OIT (después de Rusia y Ucrania).

El contraejemplo turco muestra hasta qué punto la seguridad y salud puede generar calidad de vida o inestabilidad política y social. La falta de cultura preventiva de la sociedad, se ve reflejada en las personas que gobiernan. ¿Podrán las movilizaciones y la alarma de la opinión pública hacer reaccionar al gobierno? ¿Hará la presión social evolucionar la cultura preventiva de los gobernantes?

Tienes más información sobre el caso pulsando aquí.

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