Espionaje vs observación

Prevencionamiento Crítico

“Si saben que son observados, lo harán todo bien”. Esta es una objeción habitual cuando se propone informar a los trabajadores de que van a ser objeto de una observación de seguridad. Antes del verano, en un curso de formación-acción para la mejora de la cultura preventiva dirigido a directivos de empresa, volvió a surgir. El tema era cómo dinamizar la prevención en el día a día de la empresa y una de las propuestas fue la de hacer observaciones de seguridad por parte de los supervisores como forma de incorporar la prevención a la gestión cotidiana del trabajo. Era una buena idea y la dinámica del curso consistía en ayudar a los participantes a aplicar las propuestas de mejora que ellos mismos realizaban. Así que empezamos a analizar entre todos cómo llevar a la práctica un programa de observaciones de seguridad. Inmediatamente surgió la cuestión de si el observado debía saber que era objeto de observación ya que, se dijo, de ser así resultará que ese día lo hará todo perfecto y la observación no servirá para nada. El debate estaba servido y, como tantas veces, de la discusión y la reflexión colectivas surgieron ideas enriquecidas y clarificadoras.

Una primera cuestión es de carácter ético: una persona tiene derecho a saber que está siendo observada y qué consecuencias se pueden derivar de ello. Las observaciones de seguridad no son un juego de espionaje, no se trata de infiltrarse en las líneas enemigas para obtener informaciones de manera encubierta y explotarlas en beneficio propio. En prevención es importante jugar limpio. Generar un clima de confianza es consustancial a la cultura preventiva.

Pero hay más. El objetivo de una observación de seguridad no es ‘pillar’ en falta al trabajador, ya que no se trata de una actividad de carácter disciplinario o sancionador. Lo que se pretende, en realidad, es promover un cambio consciente de comportamientos. La meta es, pues, crear nuevos hábitos, no atrapar a nadie in fraganti. Podríamos pensar, incluso, que si el trabajador al saberse observado se comporta de manera segura, ya hemos obtenido un primer éxito, el de demostrar que una tarea puede hacerse con seguridad.

Por último, en los procedimientos de observación de seguridad, además de mirar y anotar, es muy importante hablar. Antes de la observación hay que hablar para que el trabajador sepa qué vamos a hacer y para qué. Después, hay que volver a hablar para preguntarle los porqués: por qué lo has hecho así, por qué no lo has hecho de otra forma, por qué no lo haces siempre así. De esta manera, el observador aprende cuáles son la dificultades y motivaciones reales de los trabajadores y puede definir estrategias efectivas de refuerzo positivo o negativo para mejorar comportamientos.

Este y no otro es el sentido de la observación de seguridad: indagar las causas y los condicionantes de los comportamientos para favorecer conductas seguras y afianzar la idea de que la seguridad no es sólo la falta de accidentes sino, sobre todo, el esfuerzo continuado por evitarlos. En definitiva, observar para aprender cómo promover comportamientos positivos.

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