Evaluación ‘litúrgica’ de riesgos

Prevencionamiento Crítico

Sería a finales de los años 90, cuando en uno de los múltiples eventos para debatir sobre la nueva Ley de Prevención de Riesgos Laborales coincidí con Pascal Paoli, investigador en aquel momento de la Fundación Europea para la Mejora de la Salud y las Condiciones de Trabajo, quien en un aparte me confesó “creo que estamos complicando innecesariamente la evaluación de riesgos en el trabajo”. Compartimos café y convicciones sobre los evidentes peligros de burocratizar una herramienta cuya razón de ser era esencialmente operativa.

Aún circulaba por aquel entonces un folleto del Fondo Sueco para el Medio Ambiente de Trabajo, traducido por el INSHT, con el sugerente título de “¿Medir o tomar acciones correctoras directamente?” y cuya filosofía era ni más ni menos la de que con una mínima capacidad de observación, sentido común y voluntad firme de actuar se podía hacer una prevención eficaz en muchos casos de una manera directa y sencilla sin necesidad de recurrir a complicadas evaluaciones de riesgos.

El folleto en cuestión está hoy descatalogado y sólo pervive en la memoria -tal vez, en alguna estantería- de viejos rockeros de la prevención. Yo lo conservo fotocopiado. El que materiales de este tipo hayan quedado como rarezas de coleccionista puede resultar paradigmático de cómo los temores iniciales de algunos sobre la desnaturalización de la evaluación de riesgos finalmente se hicieron realidad. Es decir, de cómo lo que se concibió como un medio para la acción se ha acabado convirtiendo en un fin en sí mismo e incluso utilizado, paradójicamente, para justificar la inoperancia. Descafeinar en favor del formalismo.

Si creen que exagero, echen un vistazo a los datos ESENER-2 recién publicados (Second European Survey of Enterprises on New and Emerging Risks): España que está en el grupo de cabeza en cuanto a porcentaje de empresas que evalúan regularmente sus riesgos ocupa, sin embargo, el vagón de cola de quienes lo hacen con recursos propios. Así, mientras que en actividad evaluadora compartimos posiciones con países como Dinamarca o el Reino Unido, el nivel de implicación del personal propio de la empresa en dicha actividad nos coloca junto a Eslovenia o Croacia. Mientras casi un 90% de las empresas españolas evalúan sus riesgos laborales, sólo en un 11% de dichas evaluaciones participan los directamente implicados.

esener2

Como señala acertadamente la Agencia Europea, suponiendo que quienes controlan el trabajo son quienes están en mejor situación para controlar los riesgos, todas las empresas deberían ser capaces de llevar a cabo una evaluación básica de riesgo con su propio personal.

Tal vez nos ha ocurrido con la evaluación de riesgos lo mismo que pasó históricamente con el concepto de liturgia. La etimología original del término liturgia hace referencia a ‘servicio público’ y significa literalmente ‘obra del pueblo’ (laos: pueblo; ergon: trabajo). Hoy sin embargo, la Real Academia la asimila ceremonia o ritual.

Pues eso: evaluación litúrgica (inicial y periódica, por supuesto).

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