La ‘casta’ en prevención

Prevencionamiento Crítico

Vivimos tiempos movidos. Especialmente en la política, pero no sólo. Una sensación social generalizada de hartazgo y rechazo a las viejas formas ha dado paso a una visión cada vez más crítica de los modelos dominantes, hasta alimentar la convicción de que sí se pueden hacer las cosas de otra manera. En este escenario, se está popularizando el término ‘casta’ para referirse a quienes, instalados en el inmovilismo, se preocupan más de perpetuar su estatus que de idear y aplicar soluciones efectivas para los problemas de la mayoría.

No sé si con estos parámetros se puede hablar de ‘casta’ en prevención, ni seré yo quien diga a qué estamentos habría que aplicar el calificativo, pero estoy convencido de que también en nuestro ámbito profesional existe desde hace tiempo una sensación compartida de que el sistema preventivo está anclado en viejos tópicos que le impiden innovarse y avanzar.

Los prevencionistas solemos actuar en un contexto en el que el peso del marco legislativo por un lado y los condicionantes comerciales por otro, pueden acabar encorsetando los criterios profesionales. Un contexto que parece demandar una mentalidad acomodaticia, conformista y rutinaria, poco dada a la exploración de estrategias innovadoras o basadas en la evidencia, y en el que se acaba estando más pendiente de los aspectos formales que de la efectividad.

Salir de esta maraña requiere, para empezar, ser capaces de imaginar que otro mundo es posible y para ello se me ocurre traer a colación unas reflexiones que publicó hace unos años el Prof. Lee T Guidotti, editor de la revista Archives of Environmental&Occupational Health, sobre la dimensión científico-crítica de la salud laboral.

Definía Guidotti la salud laboral como una ‘ciencia crítica’. Según él, la ciencia crítica tiene una función genuinamente civilizatoria: evaluar el impacto del desarrollo tecnológico identificando aquellos problemas que deben ser corregidos para asegurar que las personas obtienen un óptimo beneficio de la tecnología. Y terminaba su razonamiento discursivo afirmando que los objetivos últimos de la ciencia crítica -y, por tanto, también de la salud laboral- son mejorar la calidad de la vida humana, reducir los efectos adversos de la actividad humana sobre el entorno y remover las barreras que impiden una sociedad más sostenible, saludable y justa.

Como ven, no aparece entre los objetivos últimos la adecuación a la ley. Será seguramente porque ésta debería ser un medio para conseguirlos y no un fin en sí mismo, ni mucho menos un corsé que dificulte la innovación o las buenas prácticas. Promover el medio como fin ocultando que el concepto es anterior a la norma es tal vez una cultura de ‘casta’.

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