Una profesión en busca de ocupación

Prevencionamiento Crítico

La semana pasada el Prof. Sebastián Rodriguez Espinar, en una magnífica presentación sobre calidad de la enseñanza universitaria, hizo esta rotunda afirmación que no pude resistirme a tuitear al día siguiente: la prevención de riesgos laborales es una titulación profesional que no nace de una ocupación sino de una ley

Hoy, ya con la calma de la proximidad del fin de semana, quisiera compartir una pequeña disección reflexiva de tan concienzuda y certera formulación.

Ya en el año 1999, a los 4 de promulgarse la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, publiqué un texto en el que afirmaba:

Estamos ante una ley que no ha sido tanto el resultado de un proceso de maduración social sino que ha venido inducida por un mandato institucional derivado de nuestra pertenencia a la Unión Europea… (por lo que) se ha prestado mayor atención a conseguir una trasposición aceptable a los ojos de la Comisión Europea que a su virtual operatividad en relación con la realidad social sobre la que debía actuar“.

Para mí, esta sigue siendo la clave de casi todo y la explicación de buena parte de los desajustes de nuestro sistema preventivo que, a diferencia de otros países europeos (especialmente nórdicos y anglosajones), nace no de una tradición socio-cultural propia sino de una doble externalidad, la de la CE que ‘fuerza’ al Gobierno a legislar y la de la Administración que ‘fuerza’ a las empresas a cumplir la norma imperativamente. Entiéndase el término forzar no como una invasión ilegítima de competencias sino como una imposición de ritmos y contenidos al margen de un diseño social de cambio adaptado a nuestra realidad histórica. Ya se dijo en su día que sensu stricto la Ley hubiera podido significar el cierre de todas las empresas españolas al día siguiente de su entrada en vigor.

Esta externalidad ha tenido también su impacto en la configuración de la profesión. Los procesos de profesionalización suelen madurar de forma interactiva entre la práctica (ocupación) y la sistematización científico-técnica (formación). Poca interacción de este tipo podía darse en nuestro caso: había relativamente poca ocupación preventiva y casi ninguna tradición académica (de hecho, el programa formativo nació de la propia norma, es decir, de una regulación laboral). Pero de nuevo la presión externa crea una urgencia de dotación de recursos técnicos y entramos en una vorágine explosiva de propuestas formativas de una calidad más que discutible. Se genera así un auténtico círculo vicioso en el que la urgencia de disponibilidad de titulaciones derivada de la entrada en vigor de la ley se compadece mal con la limitada experiencia práctica derivada de nuestra escasa tradición preventiva, lo cual se resuelve con una proliferación de entidades formativas que ofrecen titulaciones a partir de una formación libresca y generalmente de baja calidad.

El mercado se satura de técnicos (mal)formados que se enfrentan a un ejercicio profesional en las empresas justificado no por una demanda de las mismas sino por una obligación externa, que acaba popularizando el término “impuesto revolucionario” en el mundo empresarial para referirse al concierto de prevención. En este contexto, la práctica profesional viene determinada no tanto por los conocimientos y competencias del técnico sino por el criterio de la inspección de trabajo, en un neto predominio de la ley sobre la ciencia y la técnica. Una subordinación insólita en otras profesiones. El resultado es una actividad profesional que genera grandes dosis de insatisfacción tanto a los beneficiarios de la misma, empresarios y trabajadores, como a los propios profesionales.

También sobre esto último me pronuncié en su día, citando a Hulshof y Hoenen (2007)*, en un texto sobre buena práctica profesional:

Un contexto con este nivel de complejidad y condicionantes hace igualmente complicada la tarea del profesional en salud y seguridad, hasta el punto que, de no contar con estrategias de apoyo y capacitación bien orientadas, suele acabar derivando… hacia una mentalidad acomodaticia, conformista y sumisa, poco dada a la exploración de estrategias innovadoras o basadas en la evidencia, cada vez más pendiente de los aspectos formales y más alejada de la preocupación por los resultados finales en términos de salud de los trabajadores. De este modo, la preocupación por los requerimientos legales acaba eclipsando a veces la atención a la calidad profesional y a la efectividad de las actuaciones“.

Creo que deberíamos debatir más sobre esto. Está en juego no sólo nuestra autoestima profesional sino también el prestigio social de nuestra profesión. En plata, nos jugamos el querernos y que nos quieran.

*Hulshof C, Hoenen J. Evidence-based Practice Guidelines in OHS: Are They Agreeable? Industrial Health. 2007; 45:26-31

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