¿Y si dejamos de hablar de ‘accidentes’ de trabajo?

Prevencionamiento Crítico

Desde el año 2001, la prestigiosa revista British Medical Journal (BMJ) desaconseja la utilización en artículos científicos del término ‘accidente’ por sus connotaciones calificadoras de determinados sucesos como impredecibles o casuales, cuando en realidad, y de acuerdo con la evidencia disponible, se trata en la mayoría de los casos de situaciones que se pueden predecir y, por ende, prevenir. Incluso en aquellas situaciones menos controlables, como los desastres naturales, cada vez la tecnología permite una mayor capacidad de predicción que posibilita evitar los lugares peligrosos en momentos de riesgo.

Con la propuesta de desterrar el término accidente, los editores del BMJ pretenden evitar un vocablo que induce a una explicación apriorística de algo cuya causa aún no se ha investigado (prejuicio) o que da a entender que lo ocurrido ha sido fruto de una fatalidad inevitable o de una mala suerte (engaño).

Desde el rigor conceptual, pues, parecería más correcto referirse a los sucesos imprevistos que generan daños a la salud describiendo sus elementos objetivos (el hecho, el entorno en el que se origina, sus consecuencias) o incluso la intencionalidad, pero evitando en todo caso la calificación de accidental. En este sentido podríamos hablar con propiedad, por ejemplo, de una muerte por atropello en carretera, de una caída en el hogar o de un herido por colisión de vehículos, todo lo cual resulta mucho más informativo desde el punto de vista de las relaciones causales del fenómeno, sin introducir distorsiones interpretativas respecto a las posibles causas, del tipo de ‘accidente’ doméstico o ‘accidente’ de tráfico.

Es difícil crear ideas y fácil crear palabras. La frase es del célebre pensador francés André Maurois. De lo que estamos hablando aquí es de cómo la facilidad innata de algunas de las palabras que solemos utilizar, puede llegar a sustituir la reflexión crítica sobre la realidad, hasta el punto de que la propia palabra genera una idea simplista que no se adecua al fenómeno que trata de describir.

Históricamente, el término accidente de trabajo se generalizó en un escenario de fatalismo conformista en el que la prevención no tenía cabida ni se la esperaba. Afortunadamente el panorama ha cambiado, pero el término ‘accidente’ sigue constituyendo una rémora que alimenta interpretaciones causales simplonas cuando no directamente culpabilizantes del fallo de la víctima.

Los nuevos tiempos deberían alumbrar un nuevo lenguaje ajeno a toda mixtificación. Al fin y al cabo, tampoco sería demasiado problemático empezar a utilizar el término genérico de ‘lesiones de origen laboral’ o simplemente ‘lesiones laborales’.

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