«Y como no es lo mismo contarlo que vivirlo…» Así comenzaba un conocido programa de televisión cuyo leitmotiv era que el periodismo tenía que salir de los despachos y adentrarse en el terreno, viviendo las experiencias en primera persona, para poder así descubrir detalles y matices que, desde la distancia, pasarían desapercibidos.
Esta apuesta por ir al terreno y escuchar a las personas involucradas es una de las prioridades de cualquier organización que tenga como objetivo trabajar su Cultura Preventiva y la mejora continua. En Seguridad y Salud no puede haber una meta final en la que poder relajarse; es un proceso constante, en el que hay que adaptarse a nuevos retos, riesgos y situaciones imprevistas todos los días.
Es necesario que la Seguridad no sea responsabilidad exclusiva del departamento técnico / médico, necesitamos que haya “mil ojos” concienciados que vigilen y sean actores activos. ¿Y quién mejor que los mismos trabajadores que están en primera línea para realizar esta labor? Las personas que están en contacto directo con la operación cuentan con una posición privilegiada para poder informar de la situación en profundidad, informar de las necesidades, reportar problemas, proponer mejoras, participar en la toma de decisiones, etc.
Lógicamente, es necesario promover canales y herramientas para potenciar y encauzar la participación y aplicar estrategias para involucrarlos de forma activa. Algunos ejemplos pueden ser: consultar con las personas trabajadoras en la toma de decisiones (en los cambios en las instalaciones, en nuevas compras, etc), fomentar la participación en las identificaciones y evaluaciones de riesgos, en la redacción o revisión de procedimientos, en el reporte de incidentes, en la elaboración de planes de mejora…
Recientemente, en I+3 hemos desarrollado y acompañado un programa dirigido al personal de primera línea de la planta industrial de uno de nuestros clientes, con el objetivo principal de promover un mayor compromiso y liderazgo en seguridad dentro de este colectivo. Uno de los pilares del programa ha sido fomentar la participación directa de las personas trabajadoras, mediante dinámicas para identificar colectivamente los principales riesgos, trabajar en su descripción y plantear posibles soluciones o propuestas.
Tras este trabajo colaborativo, que buscó integrar los conocimientos y perspectivas de todas las personas participantes, se eligieron representantes de cada grupo. En una sesión de trabajo con la dirección y los mandos intermedios, estos representantes expusieron sus principales preocupaciones y propuestas, con el objetivo de consensuar compromisos que se plasmaron en un plan de acción. Este proceso participativo ha empoderado al personal, fomentando su capacidad para realizar propuestas de mejora y reportar dudas o problemas que van surgiendo en el día a día.
La cuestión que puede plantearse es qué podemos hacer para activar este tipo de acciones en nuestro día a día como profesionales de la Seguridad. A continuación, enumeramos algunas acciones que nos parecen fundamentales:
- Por un lado, debemos fomentar el reporte, ya que, como venimos diciendo, el conocimiento y la mejora se encuentra en la operación y, para acceder a ese conocimiento, es necesario que existan los canales necesarios para ello y un compromiso claro de la dirección con la participación que debe permeabilizar todos los niveles de la organización.
- Por otro lado, debemos agradecer el reporte. Este agradecimiento o refuerzo positivo es una de las claves más importantes a la hora de favorecer ciertos comportamientos. Se puede hacer de muy diferentes maneras, desde incentivos económicos hasta menciones públicas o simples gestos de agradecimiento.
- Por último, hay que celebrar el aprendizaje. Hay que dar feedback de los aprendizajes que se hacen, para poner en valor a las personas que han ayudado a que avance la organización y siga rodando “la rueda” de la mejora continua.
Los casos de éxito de participación activa son numerosos. De hecho, estos principios son aplicables a cualquier tipo de organización, incluso a sectores donde los sistemas de gestión de seguridad son tan complejos y punteros como el sector nuclear o el control aéreo. En estos sectores, conocidos como Organizaciones de Alta Confiabilidad en el mundo de la prevención, el reporte continuo por parte de los trabajadores es una de las piedras angulares de su exitosa gestión en Seguridad.
En conclusión, la importancia de la participación del personal es esencial para las organizaciones que aspiran a la mejora continua y a una mayor resiliencia. Este compromiso genera un círculo virtuoso, donde el involucramiento activa la motivación, la conciencia y el compromiso con la seguridad.
No sabemos si, como decía Samantha Villar, 21 días bastarán para adoptar un nuevo hábito. Lo que sí está claro es que, paso a paso, buscando las herramientas que mejor se adecuan al contexto de la organización y logrando la implicación de todos los colectivos, es posible impulsar un cambio cultural que ayude a las organizaciones a convertirse en entornos más democráticos, más transparentes y mejor preparados para gestionar la Seguridad.


