Nos encontramos a escasos días de los premios Oscar y, por ello, hoy hemos decidido hablar sobre rodajes de cine desde el punto de vista de la seguridad, como no podría ser de otra manera. En un primer momento, pensamos en dedicar el artículo a un gran clásico del cine como es el Mago de Oz pero, a la hora de investigar sobre este rodaje, encontramos otro cuyo interés superaba, con creces, al primero.
Empecemos por El Mago de Oz.
Para ponernos en situación, ¿empezamos por los riesgos higiénicos? En el rodaje de este clásico se utilizó amianto para simular nieve, casi nada. Además, el primer actor que interpretó al Hombre de Hojalata tuvo que abandonar el rodaje transcurridos sólo diez días, debido a que se usó polvo de aluminio para caracterizarlo, por lo que tuvo que ser ingresado por una grave afectación pulmonar.
¿Hablamos de seguridad? La actriz que interpretaba a la Malvada Bruja del Oeste sufrió graves quemaduras en una escena con fuego y, su doble, contratada por ella misma, ya que el estudio se negó a pagar el sueldo de la especialista, sufrió graves heridas al caerse de una “escoba voladora”. Incluso Totó, el adorable perro de la película también sufrió una fractura en una pata.
¿Ergonomía? Algunos de los actores debían empezar a caracterizarse a las cuatro de la mañana y aguantar con todo el maquillaje y atrezzo encima hasta más allá de las 20 horas, por lo que durante ese tiempo sólo podían ingerir líquidos.
¿Psicosociología? Judy Garland, la inolvidable Dorothy, tenía 16 años cuando rodó la película, por lo que tuvo que soportar un corsé para ocultar su pecho y simular ser una niña de 12; su entrenadora y doble la espiaba por orden del estudio y tuvo que sufrir insultos y acoso durante la mayor parte del rodaje.
Y esto es sólo un resumen de un rodaje desastroso. Es probable que pienses que es imposible de empeorar desde el punto de vista de la Seguridad y Salud. Envidamos más: hemos encontrado otro rodaje que nos ha llamado aún más la atención. Quizá la diferencia principal es que la película es mucho menos conocida.
La idea de grabar Roar (“El Gran Rugido” en España e Hispanoamérica) surgió de la pareja formada por Noel Marshall (actor y productor, por ejemplo, de El Exorcista) y su pareja Tippi Hedren (actriz protagonista de Los Pájaros y madre de la también actriz Melanie Griffith). Estando de safari en África encontraron una vieja cabaña que había sido ocupada por leones. Les pareció una bonita alegoría y, en torno a ella, quisieron hacer una película que sensibilizara al público sobre los peligros de la caza furtiva. La idea es buena, ¿no? El problema deriva de cómo decidieron hacer el rodaje.
Querían transmitir que es posible la convivencia entre el hombre y los grandes felinos, por lo que recogieron y compraron más de 300 leones, tigres, guepardos, elefantes etc., de zoos y circos, y los llevaron a vivir a su rancho familiar, conviviendo con ellos mismos, sus hijos, algunos actores más y el equipo de rodaje. ¿Buena idea?
A continuación, puedes leer un resumen del parte de lesiones:
- Tippi Hedren desarrolló una infección severa a raíz de las heridas provocadas por el aplastamiento de un elefante y recibió 40 puntos por el ataque de una leona.
- Noel Marshall terminó con tantas mordeduras que tuvo que ser hospitalizado por una gangrena tras ser arrastrado por un león por todo el set. Pasó más de seis meses en el hospital.
- Jhon Marshal hijo: fue mordido por un león y 6 hombres tardaron 25 minutos en liberarle.
- Melanie Griffith (una niña en aquel momento) necesitó 100 puntos y varias operaciones de reconstrucción facial por una “caricia” de una leona.
- 70 ataques de animales. El director de fotografía, Jean de Bone, ostenta el récord de puntos por un solo ataque: 220 puntos tras arrancarle una leona la mayor parte del cuero cabelludo.
- Un ayudante de dirección obtuvo el récord de ataques recibidos: herida abierta en la garganta, mandíbula mordida, mordiscos en el pecho, un brazo…
- Más de 70 personas tuvieron que ser hospitalizadas.
La película se estrenó en 1981. Costó 17 millones de dólares, consiguió 2 de recaudación y, obviamente, fue un auténtico fracaso. Sin embargo, fue “redescubierta” en los años 90 y el eslogan del relanzamiento fue el siguiente: Ningún animal sufrió daños en esta grabación, pero más de 70 seres humanos sí. Para que te hagas una idea del despropósito sólo comentar que algunos de los ataques a humanos que se ven en la película son reales: la premisa del director era “NO SE DEJA DE GRABAR”
¿Qué aprendizaje debemos obtener de este rodaje? Aparte de algunas cosas obvias, creemos que el problema principal del rodaje de Roar fue la falta de seguridad psicológica. El jefe tenía una idea y no quería escuchar argumentos en contra. Para evitar esto, es necesario fomentar la comunicación, que en nuestros equipos de trabajo fluya la información y, sobre todo, debemos estar dispuestos a escuchar, especialmente las malas noticias o aquello que nos lleve la contraria.
Es necesario que la dirección de cualquier entidad esté dispuesta a “no llevar la razón siempre”. Por supuesto, también es importante analizar la posible casuística y trabajar con equipos cualificados que tengan la confianza necesaria para alzar la mano cuando sea necesario
A modo de ejemplo, quien escribe este artículo hace relativamente poco tiempo tuvo que hacer entender a un directivo, que intentaba fomentar el buen ambiente en su oficina (un objetivo loable en una empresa tecnológica con personal muy joven) que las ideas que planteaba eran mutuamente excluyentes: poner a su disposición patinetes eléctricos y un grifo de cerveza sin coste para sus empleados. ¿Unas cañas? Bien. ¿Patinetes? Vale. ¿Conducimos después de las cañas? En este caso el responsable de la entidad fue lo suficientemente sensato para decir “menos mal que te has dado cuenta, yo no lo había pensado”.


