La percepción es una herramienta fundamental para los seres humanos, pero la percepción no solo consiste en ver u oír cosas, sino en darle significado a lo que experimentamos a través de los sentidos. Sin (casi) entrar en polémicas recientes… ¿Te has preguntado qué hace a dos personas, viendo las mismas imágenes y repeticiones, considerar que se han dado dos toques claramente al lanzar un penalti o uno sólo?
Imagina que dos personas deben subir a una escalera para alcanzar una caja en una estantería alta. Una de ellas ha tenido una mala experiencia previa con una actividad similar, mientras que la otra lo hace a diario y no le da mayor importancia. Objetivamente, el riesgo de caída es el mismo (la altura, el tipo de escalera, el entorno…), pero cada persona lo interpreta de forma diferente.
Cuando hablamos de percepción del riesgo, nos referimos a cómo interpretamos y valoramos una situación concreta que puede implicar un riesgo en base a los estímulos que recibimos.La percepción de riesgo es, en realidad, el riesgo subjetivo, una valoración influenciada por factores emocionales, experiencias previas y la información disponible, que configura lo que cada persona interpreta en cada momento y que, no siempre, se corresponderá con el riesgo objetivo.
¿Qué es un sesgo?
Un sesgo es un “atajo” que nos permite pensar y decidir de manera rápida pero que a veces induce a juicios o decisiones erróneas. Es como un «truco» que usamos para tomar decisiones sin tener que analizar toda la información disponible. Por ejemplo, cuando vemos a alguien con bata blanca y asumimos que es médico, estamos emitiendo un juicio sesgado basado en experiencias previas. Lo más probable es que acertemos (por eso los sesgos nos resultan tan útiles), pero también puede ser, por ejemplo, una persona que trabaje en un laboratorio.
Daniel Kahneman explicó el por qué de este fenómeno en su libro “Pensar rápido, pensar despacio” y, en él, definió y caracterizó toda una serie de sesgos que, en mayor o menor medida, afectan a todas las personas.
A continuación explicamos de qué manera pueden impactar los sesgos en la percepción y la toma de decisiones, así como qué podemos hacer para potenciar una percepción del riesgo más ajustada a la realidad.
Sesgos que pueden afectar a la percepción del riesgo:
- El sesgo de confianza explica cómo la validez que damos a la información varía en función de la fuente que la emite. Si la información respecto a los riesgos proviene de una fuente confiable le daremos validez, por lo que, a mayor confianza en la información, mejor percepción y actitud ante el riesgo. Análogamente, si se desconfía de lo que comunican, por ejemplo, los mandos, será más probable que sus recomendaciones no sean tenidas en cuenta.
¿Qué podemos hacer para limitar la influencia negativa de este sesgo? Una posibilidad sería construir colectivamente la idea de los riesgos y que la información no proceda de una única fuente de la empresa. - El sesgo de control tiene que ver con cómo las personas perciben un mayor o menor riesgo en las actividades en función del grado de control que sienten que tienen sobre ellas. En aquellas tareas sobre las que más control se percibe (es decir, cuando sentimos que controlamos lo que ocurre y sabemos lo que puede salir mal), será en las que menos riesgo percibiremos. Esto ocurre, por ejemplo, cuando tenemos mucha experiencia realizando una tarea, cuando nunca se han materializado las consecuencias de un peligro o cuando desconocemos cuáles son las potenciales consecuencias.
¿Qué podemos hacer contra esto? Realizar procesos deliberativos donde los riesgos se identifiquen de forma participada, implicando a las personas que desarrollan los trabajos e incluyendo las tareas sobre las que tienen mayor control. - El sesgo de incertidumbre aparece cuando las personas sienten que no se les ha proporcionado toda la información o que las consecuencias de realizar una tarea o de exponerse a un determinado riesgo son inciertas o desconocidas, dando lugar a percepciones o valoraciones que pueden alejarse mucho de la realidad. Un buen ejemplo de este sesgo puede ser la acumulación de papel higiénico en los primeros momentos de la pandemia del COVID.
¿Cómo evitar esto? Mejorando la información y formación para que sea más clara y oportuna, así como la comunicación corporativa en relación con los riesgos y sus potenciales consecuencias. - El sesgo de especificidad tiene que ver con cómo nuestra percepción se ve modificada si las personas expuestas a una situación de riesgo se identifican públicamente. Es decir, percibiremos un riesgo mayor si las personas afectadas por dicho riesgo tienen nombre y rostro conocido que si no lo tienen. ¿Recuerdas las campañas de la DGT en las que famosos cantantes eran atropellados? Generaron un gran impacto porque no percibimos igual que un viandante cualquiera sea atropellado o que sea Aitana.
¿Cómo podemos utilizar esto? Desarrollando comunicaciones y formaciones experienciales, que incorporen experiencias reales en primera persona; esto tendrá siempre un mayor impacto que formaciones impersonales abstractas.
Comprender cómo estos sesgos afectan a la percepción del riesgo es fundamental para diseñar estrategias preventivas más efectivas, ya que los sesgos forman parte de cómo las personas actúan e interactúan con su entorno y no van a desaparecer. Esta comprensión puede ser la clave para equilibrar la percepción subjetiva, a través de datos objetivos, y potenciar una cultura de la seguridad basada en la transparencia, la participación y la formación efectiva.


