El blog comienza en 3… 2… 1… y….
¿Alguna vez has pensado en la importancia que tienen los números en nuestras vidas? Se podría decir que los números son dueños de nuestras vidas: las horas controlan lo que hacemos, cuándo y por cuánto tiempo; los números deciden quien gobierna un país o gana Eurovisión; los números nos empobrecen o enriquecen y, en lo que nos incumbe a nosotros, en la Seguridad y Salud en el entorno laboral, esta supremacía de los números es igual de evidente.
En nuestro campo, nos hemos ido dotando de miles de indicadores, hojas de Excel y sistemas de medición en los que buscamos encontrar una imagen de la realidad que nos permita comprenderla de la manera más precisa posible. Los números nos aportan una sensación de objetividad, control e incluso confort, ya que nos genera la falsa ilusión de poder encapsular realidades complejas en una sola cifra.
A pesar de que los números son aliados fundamentales para aproximarnos a la realidad, desde el primer momento en el que optamos por medir un aspecto y no otro, ya estamos asegurándonos de obtener una imagen parcial. Por suerte, siempre podemos complementar esa visión parcial con otros métodos, como los cualitativos. Las entrevistas o grupos focales (entre otros) nos permiten acceder a una suma de percepciones, conocimientos, experiencias, creencias e imaginarios a los que los números difícilmente llegan, pero que también explican y condicionan la realidad.
En Imastres llevamos años trabajando con técnicas cualitativas, como en el caso de los diagnósticos de clima preventivo (NOSACQ-50). De hecho, contamos con una entrada en este blog donde explicamos cómo aplicamos estas técnicas en los diagnósticos, junto con algunos consejos prácticos que pueden ser útiles. ¡No dudes en echarle un ojo!
Cuando hablamos de metodologías cualitativas, puede sonar a algo lejano, propio del mundo de la investigación o de la academia. Sin embargo, todos y todas somos, en nuestro día a día, pequeños investigadores: hacemos entrevistas para conocer opiniones, recogemos impresiones, escuchamos diferentes versiones, dinamizamos reuniones, etc.
La mayoría de las veces la mejor manera de conocer la realidad es simplemente hablando y escuchando a quienes tenemos cerca mientras tomamos un café. Por eso, creemos que hay aprendizajes de las técnicas cualitativas que pueden serte útiles en tu labor cotidiana de pequeño investigador como, por ejemplo:
- Saber a quién involucrar es una de las claves del éxito. Una característica de los métodos cualitativos es que, por lo general, suele ser difícil poder recoger las percepciones de todas y cada una de las personas que pertenecen al entorno que pretendemos analizar. Por ello, siempre hay que seleccionar una muestra, intentando que sea la más representativa, o que nos permita recoger la imagen más completa y en más profundidad de la realidad. Lo importante es reunir perfiles proactivos y críticos (siempre desde una actitud constructiva), y asegurarse de que haya diversidad: de departamentos, niveles jerárquicos y roles dentro de la organización. También conviene preguntarse: ¿Tienen facilidad para comunicarse? ¿Están acostumbradas a participar en este tipo de espacios? ¿Existe un clima de confianza en la organización que permita expresarse con libertad, o se percibe que opinar críticamente puede tener consecuencias?
- El cuándo importa. Las casuísticas que pueden afectar a la idoneidad del momento de aplicar estas técnicas son numerosas: situación personal de los participantes, “malos rollos” en el equipo, conflictos, incidentes cercanos etc. Estos son factores relevantes a tener en cuenta ya que pueden afectar directamente a los resultados obtenidos. Sin embargo, no siempre podremos elegir el momento. En esos casos, es importante conocer e interesarse por estas casuísticas, para poder tomarlas en cuenta tanto en la dinamización como en el análisis de resultados.
- Nuestra actitud condiciona. Es esencial generar un ambiente de confianza donde las personas se sientan libres para expresarse sin ser juzgadas. Esto comienza por explicar con claridad el propósito de la reunión y por asegurar la confidencialidad y el anonimato, manteniendo una actitud imparcial y estableciendo un tono honesto, crítico pero constructivo y respetuoso con todas las opiniones.
- La escucha activa es clave. Debes hacer preguntas que profundicen, moderar con sensibilidad y evitar que unas pocas voces dominen la conversación. El objetivo es que todas las personas tengan espacio para expresarse. También conviene valorar si la presencia de figuras de autoridad puede cohibir la participación, o si la grabación o la toma de notas afectará al clima de confianza.
- La lectura que haga de la información recogida tendrá cierto sesgo. El objetivo es identificar patrones y datos relevantes que nos ayuden a comprender la realidad. Sin embargo, debemos ser conscientes de que toda aproximación al conocimiento es parcial y está influenciada por nuestras circunstancias como investigador: nuestra edad, género, formación, cultura, experiencias previas, nuestras creencias… Aceptar esto no implica renunciar al rigor, sino ser conscientes de nuestras limitaciones para poder trabajar con la información de la manera más sistemática, transparente y honesta posible.
Y, por último:
- El feedback empodera. Tras analizar la información, es clave devolver los resultados a quienes participaron. Esto permite agradecer su implicación, mostrar que su aportación tiene valor y evitar que perciban la actividad como un simple ejercicio extractivo. Para ello, conviene destacar los hallazgos clave, incluir expresiones o palabras que hayan sido utilizados por las personas participantes para que puedan reconocerse en los resultados, usar un lenguaje claro y explicar qué impacto tendrán las conclusiones o qué pasos se seguirán. Esto refuerza la utilidad del proceso y genera confianza para futuras ocasiones.


