El director de una de las plantas de una gran empresa nos contaba hace poco que su interés era conocer “todo lo que pasaba” en su planta; aludía a su empeño en registrar todos los daños que tuvieran las personas de su centro y decía que no le importaba “quedar mal” en las estadísticas de accidentes respecto al resto de las plantas. Mostraba un perfil un punto desafiante para la visión corporativa, muy centrada en valorar la gestión con estos indicadores y afear los que quedan abajo en el ranquin.
Es una práctica bastante extendida evaluar la gestión preventiva de manera muy centrada en indicadores de siniestralidad (más o menos elaborados) y esto tiene un efecto que se llama maquillaje.
Maquillar las estadísticas de accidentes consiste en manipular la información que generan para ofrecer datos que no contradigan las expectativas de la alta dirección y la imagen que se pretende dar, generalmente mediante la no inclusión de algunos de los eventos. Generalmente el “maquillaje” se realiza sobre los accidentes con baja.
Las tres estrategias más frecuentes de maquillaje
- Cambiar de puesto a la persona accidentada. Si la lesión es de tal calibre que impide continuar con la actividad que la persona hacía en el momento del accidente, el hecho de cambiarle a otra tarea que sí lo permite, es una fórmula para no consignar la lesión como accidente de trabajo con baja.
Algunos pueden argumentar que es lógico aprovechar la capacidad residual de una persona accidentada en tareas que no son las propias de su ocupación; pero el hecho de que se trate de tareas (ordenar papeles o vigilar la puerta) que nunca haría la persona accidentada en otras circunstancias, hace saltar las alarmas. - Descanso o reposo preventivo
Es otra estrategia similar que persigue el silencio en los datos, esta vez con días de vacaciones mientras se mantiene la incapacidad de trabajar en las tareas habituales. Esta fórmula “respeta” la necesidad de reposo mediante la ausencia a cualquier actividad del trabajo y se suele gestionar como accidente sen baja. - Considerar en las estadísticas internas sólo algunos tipos de lesiones
En esta opción, solo se incluyen los accidentes de causa traumática (caídas, cortes, atrapamientos) y suelen quedarse fuera de las estadísticas “oficiales” las lesiones con baja derivadas de sobreesfuerzos y movimientos repetidos. Un ejemplo: una incapacidad temporal derivada de una operación de muñeca por padecer el síndrome del túnel carpiano en una persona que realiza movimientos que lo pueden producir.
Consecuencias del maquillaje de los datos en el clima de seguridad
Sin entrar otras consideraciones (que son relevantes si afectan a los derechos de los trabajadores), veamos cómo se resiente el clima preventivo en estas circunstancias
- La confianza en la prevención pierde puntos entre la gente. Las prácticas de maquillaje están muy mal vistas, sobre todo cuando advierte que los “buenos” datos conviven con condiciones del entorno y organizaciones deficientes.
- A partir de ahí, la desconfianza y el escepticismo se puede extender a otras cuestiones. ¿Será confiable la Evaluación de Riesgos químicos, o también habrá maquillaje? ¿y las inspecciones, o las auditorías, se manipularán para hacerlas más aceptables a ojos de la dirección?
- Además, esta práctica minimiza la relevancia de los daños que sufren las personas en el trabajo y sus efectos individuales, poniéndolos en un segundo plano para la organización, algo que no sienta bien.
- La manipulación es una práctica que desempodera, al hacer cómplices a las personas que han sufrido daños.
Consecuencias del maquillaje en el aprendizaje y el avance
- Se trasmite una prioridad por la apariencia; es más importante la foto que la realidad. Si la foto es buena, ¿para qué preocuparnos?, todo va bien.
- Cuando se pone el foco en los datos de accidentes (la “variable dependiente”, como dice Dekker)[1], en lugar de enfocar en las variables que afectan positivamente a la reducción de accidentes -las variables independientes-, se perjudica la identificación de estrategias de mejora.
- Matar al mensajero: la comunicación de accidentes se convierte en una mala noticia; se pondrán trabas, se dudará de los trabajadores. De ahí a estigmatizar a la persona accidentada solo hay un paso.
- Los procesos de investigación de accidentes se orientan a señalar, indagando en factores individuales y fomentando la cultura y el sentido de culpa. Antes de comunicar un accidente, alguien se lo pensará dos veces.
- Mientras tanto, los factores condicionantes de los accidentes sean materiales, organizacionales o culturales seguirán sin cambiar.
Es conocido que el foco en los “buenos resultados” de los accidentes puede generar el fenómeno de la complacencia y sensación de invulnerabilidad, con los riesgos que esto comporta. El estancamiento en la gestión de la seguridad y por desgracia, las (malas) “sorpresas” son más frecuentes en estas culturas.
¿Cómo actuar?
A veces son prácticas tan arraigadas en algunas culturas que no es fácil de abordar. Aquí van algunas recomendaciones para ayudar a la reflexión en las empresas.
- Abrir la reflexión. Es muy posible que detrás de esta experiencia esté un deseo genuino de la gerencia de poner el listón muy alto como forma de animar a la mejora. Pero sabemos que el objetivo cero lesiones es un objetivo engañoso pues la ausencia de daños no es prueba de que una organización sea segura. Cuidado con la complacencia, insistimos.
- Reconocer lo que se puede controlar y lo que no. Un trabajador puede torcerse el tobillo (requerir la baja) acudiendo a la cantina tranquilamente por unas escaleras perfectamente cuidadas y adecuadas. No queremos que pase, e intentaremos saber en qué podemos mejorar, pero que “penalice” en las estadísticas es frustrante e injusto para las organizaciones que realmente se preocupan por su plantilla.
- Escudriñar “el silencio de los datos”. ¿Hay algo que se nos escapa? ¿lo sabemos todo gracias a las estadísticas de siniestralidad? ¿nos aportan todas las pistas? Evidentemente, no; aunque no estén maquillados, los datos de siniestralidad tienen un límite para ayudarnos. Hay muchas situaciones graves que “no dan la cara” hasta que es demasiado tarde.
- Los indicadores de siniestralidad impulsan a que pongamos el foco poco balanceado en los comportamientos individuales; las sanciones, los castigos, algunos en forma de “reinducción” son prácticas típicas de estas fórmulas de contabilidad que, de nuevo, contribuyen al ocultamiento y el desempoderamiento.
- Es una buena práctica buscar las debilidades del sistema para evitar daños, en especial los más graves. Pensemos en las debilidades organizacionales y culturales; aportan un foco muy especial para identificar otros indicadores que nos ayuden antes de que ocurran los daños: los indicadores positivos de esfuerzo preventivo. Si podemos premiar el desempeño real, ayudaremos realmente a mejorar.
[1] Dekker: los problemas de la visión zero en la seguridad https://sidneydekker.com/wp-content/uploads/2013/01/MalaysiaLR.pdf


1 comentario en “¿Maquillar o afrontar? Efectos de un liderazgo reactivo en seguridad y salud”
Gracias por este intersante y útil artículo.